A orillas de Machado, un recital triplemente emotivo



El Bosque de La Acebera volvió a revelarse, en la noche de ayer, como uno de los escenarios talismán de La Caravana del Verso, pues, todos los factores que se precisan para que, un espectáculo de este tipo, adquiera la calificación de mágico, confluyeron para que así fuera.

De una parte, la climatología que, aunque, tal pareció que podía poner en peligro el mismo, finalmente concedió una moratoria y, aguantó sin que cayera la más mínima llovizna, hasta las 12 de la noche, momento en el que no solamente había finalizado el recital, sino que, permitió retirar todo el equipamiento técnico sin ninguna incidencia. Igualmente, la agradable temperatura, contribuyó a que la noche fuese altamente placentera para todos los asistentes.

Un gran número de personas llenaron las sillas dispuestas para el seguimiento del recital, cerrando, con broche de oro, una nueva edición, la séptima de esta brillante iniciativa, Las Noches de La Acebera.

El recital se abrió con toda la compañía, en el escenario, en semicírculo, en torno a un pequeño taburete, donde se depositó una flor, y a cuyo pie, se encendió un velón, en recuerdo y homenaje al inolvidable compañero fallecido en la presente semana, Felipe Prieto. El poema, “Llévame viento azul” en la voz del citado Felipe, sonó en la noche y emocionó a todos los presentes. Mismo caso, para el minuto de silencio que, en su memoria, se mantuvo, y que fue marcado por las notas del violín de Rodrigo Alperi, a cuyo término el público presente dispenso una sonora salva de aplausos al maestro, artesano y poeta desaparecido.

Finalizado este homenaje previo, se abrió el recital homenaje a Antonio Machado, en el que, al habitual equipo artístico, se unieron, como refuerzo, las bailarinas, Raquel Ordás, estupenda, y Carmen Álvarez Felgueroso, la magnífica catedrática de la danza que, junto a la titular, Sandra Risueño, y a la maestría del ayer debutante, guitarrista de muchos quilates, José Sanchez, consiguieron, que las cinco danzas que se ofrecieron, con coreografías exclusivas de Sandra Risueño, constituyeran un rotundo éxito, tanto por la calidad o buen gusto de las intérpretes, como por la finura de las mismas. Rodrigo Alperi, una vez más, volvió a sorprender, acompañando a la guitarra y cantando, por la madurez que nos regala en cada una de sus actuaciones. Al igual que Nieves de la Riva, gran declamadora, con su estilo altamente sorprendente, además de original y muy personal, Cristina Rudolph, recitando o cantando, y Joaquín de la Buelga, declamando y al frente de un espectáculo que, en palabras de destacadas personas que asistieron al mismo, lo calificaron de un altísimo nivel de profesionalidad. Sin entrar en el calificativo con el que lo definió la concejala del ayuntamiento de Siero presente, quien, lo definió, sin lugar a dudas, llevada por la emoción del lugar y del momento, a con una palabra, SUBLIME.

Canciones, poemas y danzas alusivas a D. Antonio Machado, flotaron en la noche de Lugones, consiguiendo que los minutos transcurrieran, sin que, en ningún momento, el tedio o el cansancio flotaran en el ambiente. Más bien, al contrario, todos los presentes manifestaron que, él mismo, se les había pasado muy rápidamente, y que, incluso, hasta se les había hecho corto, todo un halago para nosotros, pues, es uno de los mejores piropos que un artista puede recibir. Sin embargo, la noche todavía reservaba sorpresas. Joaquín de la Buelga, casi, al final del recital, tras hacer un breve panegírico sobre el gran poeta asturiano y la situación en la que se encuentra su memoria y su legado, anuncia la presencia entre el público de su viuda, Susana Rivera, profesora de literatura en la Universidad de New Mexico, donde también ejerció su marido, a quien se le dio una fuerte salva de aplausos, invitándola, seguidamente, a que subiera al escenario y leyera o recitara uno de los poemas del reconocido poeta. Así lo hizo, leyendo a todos los presentes, con voz potente, clara, y hasta ligeramente emocionada, el poema titulado, PRIMERA EVOCACIÓN, a cuyo término fue nuevamente ovacionada. Por último, con Susana Rivera en el escenario, unida a toda la compañía, se estrenó de manera oficial el llamado Soneto de Despedida, compuesto, en su día, sin que llegara a escucharlo, el propio Felipe Prieto. El mismo fue recitado, a cuatro voces, por Rodrigo Alperi, Cristina Rudolph, Nieves de la Riva y Joaquín de la Buelga.

Nuevamente, el divino alimento de la palabra, cual sagrada comunión, fue distribuido y recibido entre todos los presentes, cumpliéndose, de esta manera, la sacrosanta misión que nos impusimos cuando se fundó la caravana viajera. Una vez más, cansado, pero, satisfechos con nosotros mismos, cerramos una inolvidable jornada.