Vientos de Miguel Hernández: La Nueva España


Vientos de Miguel Hernández

En Avilés se demostró que su obra provoca la afluencia masiva de espectadores

29-10-2010






Vientos de Miguel Hernández  
ALBERTO DEL RÍO LEGAZPI Si, generalizo, lo que decía Valle-Inclán de que «cada cual tiene el poeta que se merece», Avilés ha merecido -de largo- a Miguel Hernández, nacido mañana hará cien años, aunque tan intenso es, el rastro que su poesía ha dejado, que la conmemoración abarca todo el año 2010.

No recuerdo nada parecido a lo que en Avilés ha ocurrido con un poeta, al que se ha mecido con nanas, y adornado con elegías, publicaciones y canciones.

Ha de saberse que, por ejemplo, allá por el verano la Asociación de Vecinos de Avilés Centro, dirigida por Iván Álvarez, logró llenar la medieval iglesia de Sabugo al reclamo de una serie de avilesinos recitando versos de Miguel Hernández.

Y de que en este mes de octubre, la Asociación de Amigos del País de Avilés, puso en marcha un ejemplar homenaje materializado en dos conferencias, junto con una exposición de sorprendentes recuerdos y piezas bibliográficas del histórico poeta español. Aparte de la edición -no venal- de un poemario «Aunque tú no estás» (con versos inéditos de poetas locales), para terminar con la llegada de «La caravana del verso», que recordaba -por paralelismos de forma y fondo cultural- aquel grupo teatral (La Barraca) que trajo a la plaza de España de Avilés, Federico García Lorca, hace unos ochenta años. Y su escenificación poética de Miguel Hernández mereció una inesperada, por muchos, presencia masiva. Mérito excelente, trabajado casi al límite, de Armando Arias.

Como multitudinario fue el concierto de Joan Manuel Serrat, programado por el Niemeyer, donde el repertorio giró en torno al vibrante y conmovedor poeta. El que Natalio Grueso haya colocado a Miguel Hernández en su programación, de lujo universal, como gustaba decir Andy Warhol de lo excelso, es un acierto de sensibilidad.

Por todo esto y aquello y lo de más allá, se deduce de cajón que la respuesta popular fue toda una lección para escépticos y amargados. Para los tristes, incapaces de enterarse que la sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz.

Dense pues por enterados de que, en Avilés, por escuchar las encendidas poesías de Miguel se llenaron: un teatro, un auditorio y una iglesia del siglo XIII.

Templo que entusiasmó al catedrático José Carlos Rovira, presidente de la comisión nacional del Año Hernandiano, cuando hace quince días, paseábamos por Avilés, a tempranas horas mañaneras, en las que descubrió, emocionado, una ciudad hasta entonces ignorada.

Y la fascinación se le acabó fraguando, cuando -desde la Ría- contempló el Niemeyer, poesía arquitectónica. Y, como decía Pepe Hierro, la poesía, aunque parezca evidente, resulta indefinible.